jueves, 11 de julio de 2013

Siempre.

Me siento y miro, miro la pared que susurra a distancia y luego no comprendo nada nunca logré saber lo que realmente necesitaba, pero a lo lejos la escuchaba, escuchaba sus hermosos relatos de felicidad, sol, risas y llantos, me levanté y corrí, corrí de temor al seguir sin entender o quizás lo entendía pero no lo aceptaba entonces cierro los ojos y no veo nada, nada más que tu cara, tus labios y sus sonrisas, tú corriendo por un jardín lleno de dinosaurios amigos y yo detrás de ti en un hermoso unicornio azul; te detienes, me miras, sonríes y sigues corriendo, no lograba comprender que pretendías hasta que desapareciste y ya no podía existir, mis brazos se caían, mi pelo se incendiaba y mis piernas se quebraban, me arrastraba en tu búsqueda y nada pasaba. Los dinosaurios desaparecieron, el aire se acababa, las plantas me atrapaban en sus enormes brazos y el hermoso unicornio azul descendía igual que yo ya no era no lo que fue, empezó a necesitar de la carne más próxima que ya no hacía nada más que nada, de pronto divisé una silueta al otro lado del río, una silueta perfecta, con dos brazos y dos piernas iluminada por muchos pájaros multicolores, no se movía, no me miraba sólo estaba y fue entonces cuando el aire nuevamente era mi amigo, las plantas ya no me necesitaban ni tampoco el hermoso unicornio azul. Me levanté y corrí, corrí y corrí llegue al hermoso río purpura que me alejaba de aquello, nadé, nadé y nadé no lograba llegar jamás, hasta que abrí los ojos y ahí estabas tú, con tu hermosa sonrisa, con la misma silueta dos brazos y dos piernas y todo te iluminaba, eras idéntico a todo lo que imaginaba, eras tan real como un pez sin aleta y tan irreal como un unicornio con cornio, entonces ya todo me era un poco más claro, sabía que eras tú el de la silueta y que los dinosaurios nunca más aparecieron, pero luego todo se volvió a complicar, cuando mi mente quiso que aquella silueta volviera a desaparecer, ya no quería escuchar a la insoportable pared, ya no quería nada. Todo desapareció y ahí estaba yo, rodeada de cebra y silencio, de tristeza pero tranquilidad a la vez, tranquilidad que la tristeza se fue consumiendo hasta llegar a la desesperación entonces, cierro nuevamente los ojos y ahí estabas tú, haciendo nada más que nada muy cerca del unicornio azul que ya no era lo que fue y necesitaba de la carne más próxima, con los brazos caídos y las piernas quebradas, trate de ir donde ti pero algo me retenía, gritaba, lloraba y nada hasta que entre los susurros de la pared que estaba en silencio se escucha tu voz, tu tan armoniosa voz que sin intención alguna abre mis ojos muy rápidamente y nuevamente corrí, corrí y corrí al mejor refugio del mundo... tus brazos y entonces pude comprender y aceptar que sin ti lo más probable es que me coma un hermoso unicornio azul y que los dinosaurios se extingan para siempre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario